18 de septiembre de 2015

Duelos y liberaciones

Todos tenemos un duelo que nos jode la vida. Después de que hayan pasado varios lustros a lo mejor no sabemos ni de dónde sale pero nos ha menguado en alguna de nuestras áreas como seres humanos: en nuestra capacidad de amar y ser amados, de defender la vida, de creer y crear magia, de construir, de hacer equipo, etc. Ha recortado una parte, grande o pequeña, de nuestro potencial, de nuestras ilusiones y sueños. Descubrir cuál es el origen no es nada fácil. A veces podemos creer que la
causa es otra de la que realmente es. Y esto ocurre porque es más doloroso saber la verdad que no saberla, y es mejor inventarse las cosas que enfrentarse a ellas. Si no fuera así, ya lo habríamos descubierto hace tiempo. Profundizar en el alma humana, bucear hacia la herida original es arduo y nunca hay que perder el objetivo: resolver, sanar, luchar por la vida.

Por supuesto, no todos los acontecimientos que nos marcan la vida son negativos. Hay muchos felices que nos transforman, nos catapultan hacia adelante, nos hacen sentirnos realizados y plenos. Son como brújulas internas que nos recuerdan lo que es bueno y lo que no, y nos indican el camino para orientarnos hacia donde debemos seguir. Luego están aquellos otros que nos impiden tener una experiencia vital auténtica porque son verdaderos lastres que terminan por enquistarse y acabar como cánceres emocionales o cognitivos. En general consisten en que a un niño o una niña le rompen la ilusión con la que llega al mundo y tratan de inocularle una caca de realidad de la que un ser humano en plena infancia no está preparado para defenderse. Y cuando son las personas que más le quieren, como la familia o el primer amor, o personas adultas que funcionan como referentes las que le inician en tener que aceptar un sistema equivocado que se alimenta del sufrimiento en lugar de crear felicidad, el impacto es aún mayor. Después tratará de restablecerse, de seguir adelante, de formarse, de encajar, y de muchas otras cosas, pero ese momento quedará para siempre grabado y lo transmitirá allá donde vaya y con quien se relacione. Si éste no lo resolvemos es posible que cada vez ocupe un espacio mayor en nuestras vidas o haya una parte que no podamos experimentar positivamente.

En esta búsqueda de la verdad del desencadenante del duelo uno se puede perder en el camino y seguir sufriendo y no encontrar. Para deshacer el enigma es imprescindible poner toda la energía y tener la firme voluntad de que, cuando lo encontremos, decidamos liberarnos de la pena, de la culpa, del mosqueo y vivir.

La voluntad de encontrar la verdad es la primera parte y la segunda, la decisión de liberarse. Ambas son básicas y fundamentales para nuestro bienestar y desarrollo como seres humanos adultos.

Es muy “cómodo” seguir enganchados a personas, situaciones, duelos,… y no tomar la decisión. Hemos crecido, debemos madurar y no tener una edad emocional de tres, cinco o doce años encubierta con una actitud de hombres y mujeres aparentemente plenos pero disfuncionales, puesto que con esa situación terminaremos por echarle la culpa a la vida y/o a los demás de cualquier cosa que nos pase.

Somos autoridad y tenemos el poder de hacerlo. Ya no hay excusas. Si no lo hacemos aceptaremos sufrir y por lo tanto, hacer sufrir ya que si alguien nos quiere -y siempre hay alguien que nos quiere-, que estemos sufriendo es la forma más eficaz de hacer que sufra y si no quiere sufrir y que le llevemos por delante, no le quedará más remedio que desvincularse afectivamente de nosotros ya que de lo contrario se perderá por el camino y acabará también enganchado al sufrimiento. El duelo genera sufrimiento y el duelo a este nivel siempre proviene de una mentira o una traición, o ambas. Puede ser transmitido de manera consciente o semiconsciente, pero no exime de responsabilidad a la persona que ejerce este daño sobre la otra. Lo de “es por tu bien” o "las cosas son así" cuando eso nos rompe el corazón es de una crueldad inaceptable. Será por otra causa, pero por nuestro bien no es creíble y las cosas siempre se pueden cambiar.

Así, podemos estar en duelo al más puro estilo Bernarda Alba años y años. Es importante saber que hallarnos en una situación de este calibre se debe a que hemos elegido la opción “menos mala” dentro de las pocas posibilidades que hemos encontrado. Vamos, que lo de no saber lo que nos pasa o no enterarnos o incluso negarlo es menos doloroso, porque cuando descubrimos que nuestra vida tuvo un momento definitorio y que a partir de ahí hemos repetido esquemas o nos hemos bloqueado puede rompernos el corazón por segunda vez. Pero en esta ocasión, nos hemos fortalecido y tenemos herramientas para enfrentarlo, ya no estamos indefensos. Por eso la motivación para seguir luchando siempre es fundamental en cualquier proceso de liberación.

La vida es fabulosa, un regalo, una bendición. Si no lo vemos así, tal vez haya algo que nos lo impide. Así que toca sumergirnos para encontrar las amarras que hacen que nos hundamos y soltarlas para volar.

6 comentarios:

  1. A salir de la pena el mosqueo y la culpa ya! Voluntad y decisión! La vida es maravillosa.Gracias Maite

    ResponderEliminar
  2. hola sobrina, te acabo de leer, me gusta tu modo en el que dices las cosas.Un Beso

    ResponderEliminar
  3. Leerte es sentir claridad, inspiración y luz. Siempre invitando a la vida, siempre apostando por ella, siempre amando. Felicidades y gracias.
    La vida es un regalo mágico y maravilloso; que tú estés en ella es una prueba clara de todo eso!

    ResponderEliminar
  4. Sabias palabras Maite.. a por ello ¡¡¡ un millón de gracias

    ResponderEliminar
  5. Leer tus artículos es como tener una guía para la vida. Gracias. Lorena

    ResponderEliminar
  6. Gracias Maite por poner luz y verdad a la mentira, el engaño y la destrucción. Es el único camino para arreglarlo.

    ResponderEliminar