16 de mayo de 2013

Dignos de amor, respeto y admiración

Todo eso es lo que somos cada uno de nosotros. Y a cada uno le habrán robado –o no le habrán reconocido, que para el caso es lo mismo- ese derecho fundamental. Así nos quedamos con un vacío que llenar, un agujero negro, un pozo infinito repleto de nada.

¿Qué nos resuena más: la ausencia de ser dignos de amor, de respeto o de admiración? Posiblemente, cada uno se sienta más “identificado” con un concepto que con otro, pero cuando la mesa está coja, resulta inestable por todos lados. Por supuesto, esa “mesa” tiene otros apoyos porque también somos dignos de enamorar, de ser adorados, de ser tenidos en cuenta, de
ser cuidados, valorados… pero todo ello son variantes de los tres conceptos centrales.

No nos sentimos completamente dignos de amor, respeto y admiración, y es por eso que muchas veces tratamos así a los demás, y no lo defendemos. Si no empezamos por nosotros mismos, es imposible que esa sea la actitud con la que nos relacionemos, buscando facilitar y contribuir con ese derecho al resto de seres humanos. Este concepto de comenzar por uno mismo lo hemos escuchado en innumerables ocasiones, pero a la hora de la verdad nos damos cuenta de que no lo tenemos integrado.

Todos nos merecemos la felicidad –incluso, los escépticos que creen que eso no es posible-. ¿Cómo vamos a ser felices sin amor, respeto y admiración? ¿Y cómo vamos a recibirlo sin mostrar eso por los demás?

Probablemente, sentiremos más amor, respeto y admiración hacia algunas personas que hacia otras por afinidad, no por rechazo,  ya que eso nada tiene que ver con robar los derechos al resto de los mortales. Porque para todos hay una base, un mínimo. Es como decir que todo el mundo tiene derecho a la vida. Porque lo tiene, y es necesario defenderlo. Porque si nos parece que unos sí y otros no, o unos más que otros, nos acabamos de cepillar el derecho. Es como el derecho a un trabajo digno, a una vivienda, a una familia, etc. Aquí no hay jerarquías posibles.

El respeto nace de la conciencia de que hemos venido a este mundo a realizarnos, a trabajar, a evolucionar, a hacernos cargo de nuestra responsabilidad existencial. Y por extensión, los demás también. Si están perdidos, ya se encontrarán, lo mismo que nosotros mismos nos acabamos encontrando cuando no sabemos dónde estamos o a dónde vamos. Sin embargo, en ocasiones se da eso de “donde hay confianza da asco”. En lugar de ser todo lo contrario, “donde hay confianza hay mayor comprensión”.

Podemos ayudar. Podemos protegernos de que alguien que anda perdido no nos arrastre en su inercia, pero imponer nuestro criterio no es lo correcto, puesto que no ayudamos, sólo creamos jerarquías sintiéndonos por encima de los demás.

El camino es arduo y también inesperado y maravilloso para todos. No estamos aquí para tumbarnos a la bartola, por varios motivos, pero el principal es que nuestro espíritu quiere alimentarse y alimentar. Es su naturaleza. No necesita hibernar durante décadas. Es aventurero, inquieto y grande, muy grande.

Para respetarnos y respetar es fundamental rebelarse a la mediocridad, a la mezquindad, a la crítica hiriente, destructiva, al castigo o al autocastigo. Es fundamental defenderse de todo ello.

Por supuesto, respetar no es permitir que alguien destruya. A eso se le llama ser cómplice o consentidor. Lo mismo que amar no es coartar la libertad de la otra parte, o admirar tampoco es sublimar. Este prisma es la parte enferma de unos conceptos sanos.

Amar, respetar y admirar y ser amados, respetados y admirados es promover vínculos naturales donde se pone lo mejor para el bien de todos. Es rebelarse a relaciones enfermas, con nosotros mismos y con los demás. Es sentar unas bases para que la humanidad camine en la dirección correcta, y ser parte activa de ello.

11 comentarios:

  1. Tu lo has dicho, lo más difícil es empezar por uno mismo, a mi personalmente es de lo que más cuesta.
    Muchas gracias por compartir conciencia universal.
    besos!

    ResponderEliminar
  2. Gracias Maite, tus palabras me llenan de inspiración y de recursos. Jade

    ResponderEliminar
  3. Que bonito seria que fluyese el amor ,el respeto y la admiracion entre todos.Yo desde luego lo practico y es guay.Saludos desde las islas
    yosua mendez

    ResponderEliminar
  4. Me rebelo ante la envidia , que viene de la mediocridad.La vida nos da a todos mazo de talentos y virtudes ,como para perder el tiempo en guerras de poder sin sentido.Ole Maite
    Arturo

    ResponderEliminar
  5. Me ofrezco a ayudar a los que esten en su camino de evolucion.yo tambien lo necesite.Gracias Maite por tu intercesion
    Vicen

    ResponderEliminar
  6. Hemos venido a este mundo con el objetivo de realizarnos todos y no unos pocos, y porque todos estamos en la misma mision ,el respeto,la solidaridad y la ayuda mutua es la forma correcta de relacionarnos.Un chao
    Claudio

    ResponderEliminar
  7. Me entusiasma sentirme bien admirando las cosas geniales que hacen los demas .Nunca he tenido envidia!Que bien! y tambien me gusta que me admiren cuando lo hago bien.Buenas noches desde la noche de Sevilla.
    Millan

    ResponderEliminar
  8. Gracias maite otra vez mas.
    Arturo

    ResponderEliminar
  9. Gracias Maite,yo también me rebelo contra la envidia,todos tenemos todo para amar,respetar,admirar,ser amados,admirados y respetados!viva la humanidad!

    ResponderEliminar
  10. Respeto, amor y admiración por nosotr@s y por l@s demás. Responsabilidad para con la vida. Muy inspirador. Lorena.

    ResponderEliminar