17 de mayo de 2013

Juicios y prejuicios

Parece que emitir un juicio no es muy justo. Y cuando emitimos un prejuicio, la cosa es incluso peor. En ambos casos ya va asociada la condena.

De hecho la justicia no tiene por qué ir de la mano de la ley, y la ley ya sabemos quiénes la hacen y qué les mueve a aprobar unas y otras no. Así, a grandes rasgos, la motivación fundamental en los tiempos que corren no es la justicia social sino el afán de poder, y eso a lo que se le llama técnicamente “barrer pa mi casa y joder al prójimo”.

¿Cómo ser justos? La justicia sólo viene de la conciencia. Y uno se pregunta, ¿de la conciencia de quién? En el caso de Justicia, con mayúsculas, no hay una conciencia por persona, sino una universal. Ésta es la que dice lo que es bueno para todos, no para la mayoría, o como pasa

16 de mayo de 2013

Dignos de amor, respeto y admiración

Todo eso es lo que somos cada uno de nosotros. Y a cada uno le habrán robado –o no le habrán reconocido, que para el caso es lo mismo- ese derecho fundamental. Así nos quedamos con un vacío que llenar, un agujero negro, un pozo infinito repleto de nada.

¿Qué nos resuena más: la ausencia de ser dignos de amor, de respeto o de admiración? Posiblemente, cada uno se sienta más “identificado” con un concepto que con otro, pero cuando la mesa está coja, resulta inestable por todos lados. Por supuesto, esa “mesa” tiene otros apoyos porque también somos dignos de enamorar, de ser adorados, de ser tenidos en cuenta, de