8 de abril de 2013

Ponernos tiernos (o tiernas, claro)

Eso es lo que decimos como si nos diera vergüenza reconocer nuestra sensibilidad y comunicarla. Así que, esbozando una sonrisa y rojos como tomates, soltamos eso de: “¡Anda, que me estoy poniendo tierno/a!”.

Nos sentimos incómodos mostrando nuestras entrañas y no es para menos. Hay que ser muy fuerte para hacerlo y no temer que nos saquen un cuchillo en ese mismo momento para partirnos en mil pedazos y hacer rebozado con nuestro higadillo. Somos vulnerables, nos desnudamos y nunca hay una garantía de éxito al cien por cien. O por lo menos eso es lo que nos decimos para no dar el paso.

Todo es normal, por supuesto. Pero, ¿qué ocurre cuando dejamos pasar la oportunidad de expresarle a otra persona lo que sentimos por ella? Nada. O todo. Puede que nos acostumbremos a esa falta de comunicación y no transmitamos nunca a nadie nuestros sentimientos, nuestro amor,
nuestro agradecimiento porque esa persona esté en nuestra vida y nosotros en la suya. Y el tiempo pasa y esta vida se acaba. No es una tragedia, pero sí lo es cuando nos encontramos con la imposibilidad de decir a nuestros seres queridos todo lo maravillosos que son y lo felices que nos hacen sentir.

Miedo. Eso es lo que nos pasa. Nos aterra la idea de abrir un tipo de comunicación así y que se rían de nosotros o que no sea bien recibido. O lo único que ocurre es que no existe esa costumbre y es algo extraño. Relacionamos sensibilidad con sensiblería, ñoñería y debilidad y ya la hemos liado. Por lo tanto, sólo nos lo permitimos cuando no somos plenamente dueños de nuestros actos o palabras, -es decir, borrachos- o cuando existe el riesgo de perder a la otra persona. Es cierto, que hay individuos que ni en el lecho de muerte del ser querido consiguen articular palabras de amor, de entrega, de unión profunda y sincera, y acaban arrepintiéndose el resto de su vida. En el caso de los borrachos, como se achaca al alcohol los efectos de la hermandad, con decir “No me acuerdo de nada”, arreglado. Y es mucho peor porque, para una oportunidad que hemos creado, la tiramos por la borda.

¿Por qué es importante decirle a una persona a la que queremos que la queremos? Porque es lo más bello que alguien puede escuchar: que la aman, que la necesitan, que es especial, que es importantísima, vital para la otra persona y que es una bendición. Y si es la verdad, se la estamos robando al no comunicárselo. Es como si una maravillosa bailarina nunca escucha que es maravillosa y que baila como los ángeles. Al final, dejará de bailar y su valor se perderá para siempre.

Aquí ocurre lo mismo. Podemos saber que somos maravillosos, pero si además, hay alguien para el que somos así de maravillosos, lo justo es que sea reconocido, respetado, valorado y admirado ese valor que tenemos como seres humanos y lo compartamos. ¿Que no nos lo dicen? Pues nada, a seguir diciéndonoslo delante del espejo, que tampoco está mal. Lo peor de lo peor es que, como nadie nos lo reconoce, dejemos de sentirnos así de maravillosos.

Volvamos al caso del que tiene que decirlo como muestra de su amor por la otra persona. ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué no conectamos con esa profundidad para transmitirla? ¿Qué podemos hacer al respecto?

En primer lugar, tomar conciencia de lo que sentimos por esa o esas personas y de lo que sentiríamos si no estuvieran en nuestras vidas. Para ello es necesario quedarnos con lo esencial, no con las dificultades de la relación, si las hay, o con los defectos de la persona. Debemos quedarnos con lo profundo, con lo que está por debajo de todo eso: con el amor.

En segundo lugar, romper las barreras que se hayan puesto entre los dos. A veces las ponemos nosotros y otras, la otra persona. También ocurre a menudo que las barreras son dobles. Por ejemplo, el padre no le dice nada al hijo, ni el hijo al padre. Como mucho, la frase más cercana suele ser: “Bueno, tú ya sabes que te quiero”.  Y suele servir para salir del paso. Ambos tienen dificultades para comunicarse y recibir ese tipo de comunicación.

En tercer lugar, conectar a un nivel profundo  con la otra persona para hablar de ser a ser, de alma a alma.

No es ponerse tierno, aunque los ojos se humedezcan, no es debilitarse aunque nos creamos vulnerables. Es transmitir con la mirada y a través de las palabras el amor que nos inspira el otro y lo que le amamos, sea nuestro amigo, nuestro hijo o nuestra novia.

La reacción de la otra persona siempre va a ser buena si hay lazos profundos que nos unen aunque no haya costumbre de comunicarse así. Además habrá conmoción y agradecimiento cuando el amor es fuerte. Para ello no se puede comunicar a la ligera ni tampoco hacer un acto solemne. Es un acto de sinceridad, amor y valentía.

Por supuesto, tampoco sirve andar diciendo cada dos por tres que queremos mucho a la otra persona si no conectamos con ella previamente, si no contamos con ella para esa comunicación. Sonará falso y lo único que provocaremos es distancia.

¿Cuándo es buen momento para decirle a alguien que es especial y que le agradecemos que esté vivo compartiendo su vida con nosotros y nosotros con él o ella? Siempre. Cualquier momento es bueno. No hay que dejar pasar ni uno porque de eso sí que nos vamos a arrepentir, y no de habernos sentido avergonzados por mostrarle al ser que amamos nuestros sentimientos.

Al final será cada vez más fácil. Los trabajos de espeleología emocional serán cada vez menos arduos. Estaremos más en contacto con nuestros sentimientos y nuestro vocabulario para ponerlos al servicio del otro. Esto nos une, nos vincula aún más porque conseguimos transmitir lo que sentimos, lo que nos hace sentir y no habrá interpretaciones ni falta de amor o valoración en ningún sentido.

Por último, sólo añadir que la expresión corporal en estos casos es muy importante. No se puede decir a alguien que lo queremos y no darle ni un abrazo al final de esta comunicación. Las palabras van acompañadas del contacto visual y físico. La práctica hará que cada vez resulte más fácil aunque no lleguemos a sentirnos cómodos del todo. Precisamente, acomodarse sería un error. El acierto es ser coherentes con nosotros mismos y ser justos con los demás. Por amor, siempre por amor.

7 comentarios:

  1. pero qué ganas de abrir mi corazón!! los primeros van a ser Fernando y Yuri, y allí vamos!!!

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  2. Pues aprovecho la ocasión para decirte que te admiro y te quiero. Y cuando nos veamos, te lo acompaño del abrazo. ;-)

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  3. Gracias Maite, por recordarnos y activar nuestra Ternura y Amor.
    Desde Bilbo
    Lola

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  4. Que maravillosa eres! Eres toda una inspiración. Tienes un poder de comunicar de manera sencilla y clara temas tan bellos y profundos que emocionan. Maravillosa. Lorena.

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  5. Te quiero Maite. Eres fantástica, todo amor!

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