27 de abril de 2013

¿Y si pregunto...?

“Es impresionante el tema de Palestina. ¿No te parece?”. ”A mí Quevedo me parece mucho mejor escritor que Góngora. ¿Y a ti?”. “Me indigna lo que está pasando en el Sáhara”. Asintiendo, nos interrogamos para nuestros adentros: ¿Qué pasa en Palestina? ¿Tendrá algo que ver con Quevedo? Que el Sáhara sea un desierto, no sabía que le afectaba tanto…

No tenemos ni idea. Sin embargo, a nuestro interlocutor o interlocutora no le preguntamos nada por miedo o vergüenza de sentirnos tontos, ignorantes a sus ojos y a los de todos los que estén cerca. Pensamos que tenemos que saber el contenido sobre cada uno de los temas y además tomar un posicionamiento respecto a él. En los casos que tienen que ver con dudas de cultura general, San Google o Santa Wikipedia ayudan, pero

16 de abril de 2013

Chsss... Tengooo un plaaan

Así, en voz baja. Es lo más maravilloso y lo más excitante que podíamos sentir para superar una dificultad o cumplir un deseo: tener un plan. Y aún más maravilloso si cabe, era tener “un plan secreto”. Un plan secreto era la aventura en estado puro. Nos referimos, cómo no, a la infancia y los amigos. Incluso a la adolescencia. Probablemente la mitad de los planes eran descabellados y terminaban por salir mal, pero una gran parte de ellos eran todo un éxito, nos hacían más fuertes y nos unían a un amigo o a varios, como un equipo invencible para la eternidad. Porque los planes secretos no tienen mucho sentido cuando se llevan a cabo de manera individual. Los planes son para compartir y vivir la experiencia juntos.

Tener un plan secreto es arriesgarse al éxito. Nunca hay un fracaso. Ya lo dijo Edison: “No me equivoqué mil veces para hacer una bombilla, descubrí mil maneras de cómo no hacer una bombilla”. Por eso, aunque

8 de abril de 2013

Ponernos tiernos (o tiernas, claro)

Eso es lo que decimos como si nos diera vergüenza reconocer nuestra sensibilidad y comunicarla. Así que, esbozando una sonrisa y rojos como tomates, soltamos eso de: “¡Anda, que me estoy poniendo tierno/a!”.

Nos sentimos incómodos mostrando nuestras entrañas y no es para menos. Hay que ser muy fuerte para hacerlo y no temer que nos saquen un cuchillo en ese mismo momento para partirnos en mil pedazos y hacer rebozado con nuestro higadillo. Somos vulnerables, nos desnudamos y nunca hay una garantía de éxito al cien por cien. O por lo menos eso es lo que nos decimos para no dar el paso.

Todo es normal, por supuesto. Pero, ¿qué ocurre cuando dejamos pasar la oportunidad de expresarle a otra persona lo que sentimos por ella? Nada. O todo. Puede que nos acostumbremos a esa falta de comunicación y no transmitamos nunca a nadie nuestros sentimientos, nuestro amor,