22 de septiembre de 2012

Hablar con los que no están

Podemos poner la barrera entre esté mundo y el otro tan ancha como queramos. Algunas personas la ponen tanto, que directamente no existe otra vida y todo empieza y acaba aquí, con uno mismo. Que si me apuras, ese “uno mismo” termina por creer que vive en “El show de Truman” y cuando muere, se acabó la función para todos. No hay más.

Cuando hablamos de “este mundo” y “el otro” es importante puntualizar que todo es lo mismo, con formatos diferentes, para que no haya lugar a confusión.

Apelando a la filosofía como vía de conocimiento propio y ajeno, los interrogantes de “quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos” van desde los griegos a Siniestro Total –el grupo, claro- pasando por toda la humanidad. Todos y todas, alguna vez en la vida nos hemos preguntado, aunque haya sido brevemente y sin siquiera esperar respuesta alguna, por

1 de septiembre de 2012

La parte por el todo

Venimos al mundo como un “todo” lleno de partes que se interrelacionan. No estamos constituidos  como un puzle donde las piezas pueden separarse independientemente de la forma que tengan y de cómo encajen unas  con otras. Las piezas encajan, por supuesto, y además se interrelacionan de diversas maneras creando una compleja unidad en el caso de querer meter el bisturí.

Somos un mundo en pequeño. Si una parte del mundo arde, otra se resiente y se van desencadenando acontecimientos compensatorios que buscan que la vida siga adelante. En el caso del ser humano, si sufrimos dolor de muelas puede que acabemos cojeando, aunque suene a chiste.

Es maravilloso todo el avance realizado en focalizar las enfermedades, estudiarlas, diagnosticar y emitir un tratamiento. Sin embargo, la especialización acaba llevándonos a olvidar el resto del cuerpo, o las